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Esta semana queremos recordar a nuestras compañeras zapatistas y enviarles animo en sus luchas que les han impedido organizar el segundo encuentro de Mujeres que Luchan[1]. Tomamos su luz, hermanas, y no dejaremos que se apague. Este mes en nuestra agenda os traemos un texto que habla del primer Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan. Escrito por Por Alejandra Morales García [1].

 

Imaginar lo que, por necesario y urgente, parece imposible: una mujer que crezca sin miedo.

Claro que cada geografía y calendario agrega sus cadenas: indígena, migrante, trabajadora, huérfana, desplazada, ilegal, desaparecida, violentada sutil o explícitamente, violada, asesinada, condenada a agregar pesos y condenas a su condición de mujer.

¿Qué mundo sería parido por una mujer que pudiera nacer y crecer sin el miedo a la violencia, al acoso, a la persecución, al desprecio, a la explotación?

¿No sería terrible y maravilloso ese mundo?

Así que, si alguna vez me pidieran a mí, sombra fantasmal de nariz impertinente, que definiera el objetivo del zapatismo, diría: “hacer un mundo donde la mujer nazca y crezca sin miedo”.[2]

 

El pasado 8 de marzo de 2018, el movimiento de mujeres zapatistas reunieron cerca de cinco mil mujeres de todos los lugares del mundo, todas las que pudimos llegar y cruzar la frontera pese a los múltiples obstáculos que ponen las normas de control racistas y xenófobas, en otras palabras, las prácticas de violencia sistemática que se manifiestan en las políticas migratorias de países como México.

Sin embargo, la comunidad Zapatista y el EZLN dio la bienvenida en su casa, en el caracol de Morelia a más de cinco mil mujeres que viajamos para atender el llamado que, a través de un comunicado cuyo contenido se caracterizaba por la claridad y la forma directa de decir las cosas de las zapatistas, nos hacía una invitación al primer Encuentro Internacional Político, Artístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan.

Fueron tres días de intenso compartir nuestras luchas desde el arte, la música, el teatro, la danza, la performance, la pintura, la fotografía; desde la recuperación de la memoria de nuestras ancestras y nuestras compañeras asesinadas a través de la ritualidad, desde el tejido, el bordado y las artesanías que son parte de la historia de resistencia de muchas. Coexistiendo de manera paralela se desarrollaron cientos de talleres y se crearon diversos espacios para la reflexión, para la conversación, para la autoformación de todas, para el disfrute y admiración del arte, de los astros, del cuerpo; para la práctica del deporte por fuera de la tensión de la competencia, para el conocimiento de las plantas y otras formas de sanación del cuerpo y el espíritu.

Una experiencia de movimiento, acción y creación política generado por las mujeres del movimiento Zapatista, un momento en el que la unión de muchas, desde muchas geografías se hizo posible para hacer eco de la lucha de las mujeres en contra del capitalismo, del racismo, la xenofobia, el sexismo, el maltrato y todas las formas de violencia contra las mujeres en todos los rincones del mundo. Un espacio para reconocernos y recordar que no estamos solas en ello, que como mujeres que somos comprendemos las múltiples relaciones en las que la violencia se manifiesta, y por eso también, nuestro compromiso con derrumbar los muros y crear un mundo donde quepan todos los mundos!

[1] http://enlacezapatista.ezln.org.mx/2019/02/11/carta-de-las-zapatistas-a-las-mujeres-que-luchan-en-el-mundo/

[2] Por Alejandra Morales García, Luchadora desde la educación en el aula en la cama y en la calle, activista de la Batukada Estallido Feminista, Medellín-Colombia.

[3] Fragmento tomado del prólogo al libro Habrá una vez, escrito por el subcomandante Insurgente Galeano. 2003.