Comenzamos agenda con el artículo de Enero. Escrito por Dioni Antón de Losar de la Vera (Cáceres), trabaja como animadora en una residencia de mayores en Navalmoral de la Mata. Aquí nos cuenta historias de vida de algunas de las personas con quienes trabaja.

TODA UNA VIDA

Ilustración realizada por Angela Denone López.

Crescenciano era alfarero. Su padre alfarero, lo mismo que su abuelo y bisabuelo. Lo dejó cuando llegó el plástico,

Aniceta recogía bellotas para los animales, también hacía tortilla de bellotas.

Vicenta a falta de patatas cocinaba con castañas y pimentón.

Generoso curaba a los animales con raíces y plantas. Ocasionalmente con sus propias ceremonias de sanación.

Dolores y Severiano vendían la carne en la plaza. Los clientes llevaban un plato. No había bolsas de plástico.

Carlos con 7 años recorría a pie 8 kms diarios hasta la casa de un vecino de finca que le enseñaba lo que sabía. No había escuelas en el campo. Antes dejaba atendidos los animales y el granero. Recitaba como nadie a Gabriel y Galán. Su vaquerillo, del Viejo el consejo. Un D. Juan. Le echamos de menos. Tan pudoroso que su mujer e hijos nunca le oyeron recitar hasta los 83 años.

Irene e Hipólito recolectaban plantas, flores, raíces y frutos para remedios curativos y tintes para fibras y lana. Sembraban raíces y bulbos en menguante y las habas en creciente. Esperaban al viento para limpiar los garbanzos.

Vidal conocía la técnica del adobe y la teja,

Lorenzo bebió leche de perrina.

Barrían las puertas de sus casas, llenaban de flores los balcones, cosían y tejían el lino. Celebraban las fiestas de la siembra y la cosecha y cantaban, a pesar de la pobreza cantaban y escribían en su memoria cantares de la vida cotidiana, dejándonos un legado de conocimientos y sabiduría.

En el pueblo, los obreros cambiaban una dura jornada de trabajo por un pedazo de tocino. Algunas sufrían derecho de pernada.

Adrián se encontró con el conductor del camión que se llevó a su padre para matarle y enterrarle en una cuneta.

Serapia llevó al cementerio el dinero del rescate para salvar al señorito.

El cura D. Albino enviaba a Adelaida a tocar las ánimas al anochecer de todos los días.

Todo el mundo tenía que ir a la Iglesia.

Costancio se quitaba el sombrero cuando estaba delante del amo.

Las coplas y los pregones contaban y anunciaban cosas.

Quien más sabía de letras escribía generosamente las cartas dirigidas a los hijos en la mili, a los novios, novias o familiares.

Si tenías la suerte de ir a la escuela, llevabas en invierno una piedra en una lata para calentarte.

Nacían muchos niños y niñas durante el año. Las mujeres no paraban nunca y se callaban siempre.

Ponían nombre a las plantas y a las estrellas que tan bien conocían de tanto mirarlas.

Cuidaban el campo, la sierra, la tierra y no sabían de ecología…

Obdulia me dejó este cantar:

Pasé por la vida,
canté mi cantar,
he arado la tierra,
he plantado el árbol
y he sembrado el pan