Parece mentira que tengamos este artículo preparado desde el año pasado, justo ahora tras los meses que venimos pasando y el claro descubrimiento (en realidad, muchas ya lo veíamos claro desde hace tiempo) de que la vía local es la alternativa para un buen vivir y evitar un colapso.
Dicho esto, aquí dejamos el artículo que preparó Laura Arroyo Escudero, de la Fundación Entretantos, que vive en un pueblo de la provincia de Cáceres.

Municipalismo Transformador: la vía local y comunitaria como estrategia de resiliencia ante el colapso

Ilustración realizada por Angela Denone López.

Asomarse a la realidad del mundo en este 2020 que vamos a iniciar, es escalofriante y en gran parte desesperanzador: deshielo, inundaciones, grandes incendios que ahogan nuestros pulmones, balsas de residuos asfixiando nuestros mares, guerras, muerte, migraciones forzadas y auxilios negados, vallas y muros que prohíben la libre circulación de personas, a la par que se firman tratados de comercio que permiten el expolio de bienes y recursos de territorios que quedan destrozados y solo reciben migajas, caridad y residuos… situaciones de las que los medios nos hacen sentir responsables a todes, diluyendo así la responsabilidad de gobernantes y capital entre las multitudes, de manera que nos quedamos mirando el dedo en lugar del punto de origen que señala.

La tentación de caer en el “de perdidas, al río”, o el miedo e inseguridad con el que algunos dirigentes políticos juegan para cubrir las espaldas a los verdaderos responsables de las catástrofes humanas y ambientales que vivimos, facilitando que, en lugar de crear núcleos de resistencia y adaptación en colectivo, aumente la violencia, derroche y consumismo, está encontrando, bien es cierto que ante las evidencias bestiales del deterioro de nuestros bienes comunes, núcleos importantes de contestación y exigencia de cambios a nivel global, como la huelga mundial por el clima o las movilizaciones mundiales feministas. No obstante, la manipulación es fuerte y la capacidad de análisis baja, y muy condicionada por la realidad difícil y dura de subsistencia a la que cada vez más personas se ven abocadas…

Pensar global y actuar local, es una de las claves en las que muchos movimientos sociales y políticos como OCSI, están trabajando con especial ahínco desde hace ya algunas décadas, y a muchas de las que asistimos horrorizadas a esta ingente cantidad de destrozos que la humanidad está generando, se nos antoja más urgente que nunca seguir haciendo camino en este sentido: tratando de crear, multiplicar y vincular células humanas, comunidades, capaces de ofrecer alternativas resilientes, decrecentistas, y adaptadas a las nuevas condiciones climáticas que irán convirtiendo nuestro entorno en algo menos amable y bastante más hostil.

En estas ocasiones, en las que la tensión entre salidas solidarias de apoyo mutuo y la barbarie, deshumanización y lucha, es tan alta, se hace imprescindible trabajar desde lo local en la creación de alternativas inclusivas, que cuiden de todas, y que puedan ser replicadas, que nos saquen de la imposibilidad de derrocar un poder mundial inalcanzable, y nos permitan Bien Vivir en nuestros territorios, siendo ejemplo e inspiración para otras comunidades humanas, y tejiendo redes de solidaridad en lugar de competencia.

Es por esto que apostamos sin ninguna duda por el municipalismo transformador, no sólo como movimiento que agrupa a las plataformas municipalistas que, en el estado español, en el último ciclo electoral dieron el paso de “asaltar” las instituciones públicas más cercanas, en un acto de búsqueda y defensa del autogobierno y autonomía, sino también como estrategia seguida por muchos movimientos sociales que se ponen manos a la obra para abordar de manera colectiva los cambios y adaptaciones necesarias en el territorios que habitan para el bienvivir de todas, vidas presentes y futuras.

Una apuesta que, en el rural, ese territorio que nos provee de alimento, agua, oxígeno y vida, a habitantes propios y urbanos, frágil, sometido al vaciado de personas que puedan defenderlo a golpe de abandono y retirada de recursos públicos, para facilitar la entrada de los intereses extractivistas del capital, cobra más importancia aún si cabe. Las voces aquí, revindican el derecho a tener derechos y hay sobradas razones para apoyar prácticas locales que lo permitan: no hay futuro en el mercado global; es un espacio perfecto para crear lazos sociales que frenen la entrada de la cultura del odio, donde la participación de la comunidad es más sencilla y puede facilitar la recuperación de la confianza; se hace imprescindible frenar la economía de campamento minero y relocalizar economías con un tejido social propio, de abajo a arriba; aún existen y resisten las mimbres necesarias: saberes e identidad territorial; tanto la UE como otros organismos internacionales están permitiendo y recomendando estas prácticas para la gestión sostenible de los recursos. 

Y estas prácticas son muchas, y crecen y se replican, y para que conste, y escapar de los medios que no lo cuentan, y facilitar los contactos intercelulares que permitan la expansión y contrapeso a la barbarie, muchos colectivos hemos trabajado en esta herramienta que esperamos os sea de ayuda: www.mapamunicipalista.org.