Este diciembre de 2020 os traemos un artículo de la canasta solidaria de Cusco (Perú), escrito por Claudia Palomino

En diciembre, leña y duerme

refrán popular

La Canasta Solidaria Mihuna Kachun (Que haya comida) es una iniciativa autogestionaria, feminista y libertaria de Cusco que apuesta por nuestra soberanía y autonomía alimentaria, a partir de  intentar recuperar saberes ancestrales que pueden ayudar a liberarnos, que nos cuestionen toda la injusticia que puede traer nuestra comida, y que nos enseñe a resistir en los tiempos de crisis alimentaria y ambiental que empezamos a vivir.

Investigamos y experimentamos técnicas ancestrales de transformación (fermentación y germinación), conservación y el uso de plantas silvestres comestibles que podemos usar en estos tiempos de forma casera, realizamos talleres para compartir estos saberes, producimos y vendemos alimentos que recuperan estas técnicas, difundimos a agricultores que cultivan de forma natural para la compra directa y sin intermediarios, realizamos publicaciones en estos temas pues consideramos que es otra forma de educación. También tenemos una pequeña huerta experimental que intenta criar plantas silvestres y cultivadas, así reconstruir un ecosistema que atraiga diversos seres que se apoyan mutuamente; y conservamos semillas para compartir y ayudar a resguardar su libertad.

Creemos que una de las formas básicas para liberarnos y volver a tener el control de nuestras vidas es a través de nuestra comida, pues es justo allí donde el sistema nos ha dominado con el cuento de facilitarnos la vida y nos ha introducido en el círculo vicioso de la industria alimentaria y farmacéutica (comemos, nos enfermamos, nos curamos y volvemos a comer), además terminamos avalando y siendo cómplices de diversas formas de violencia que traen los alimentos que llegan a nuestras bocas. Violencias como la deforestación y destrucción de hábitat de diversas especies, explotación laboral, contaminación con agroquímicos, sequía de fuentes de agua, extinción o experimentación de animales, gasto excesivo de combustible y envases innecesarios, publicidad sexista o machista, aprovechamiento de los saberes y de la producción de las y los agricultores sin ningún beneficio directo o pago justo. 

Recuperar la labor de cultivar, recolectar, transformar, cocinar y conservar es necesario tanto para la construcción de nuestra autonomía individual y colectiva, como para la generación de otras formas de relación, convivencia y consumo más justas para todas y todos, humanos y no humanos. 

Antiguamente quien sabía cocinar y conservar alimentos era una persona sabia pues de ella o él dependía la vida y posterior desenvolvimiento de muchas personas, en estos tiempos la labor de cocinar se considera de menor valor; es más se promueve que mejor es trabajar afuera para el sistema que actuar para nuestra propia vida. Sólo se valora la cocina cuando viene de un chef, con algún tipo de estudios formales y muchas veces varón. Y se desprecian nuestros saberes de alimentación, transmitidos sobre todo por mujeres de generación en generación, que han logrado resistir y sobrevivir por miles de años sin intervención de la actual tecnología, ellas son las brujas y sabias de nuestros tiempos que podrían vivir al margen del sistema.

Hacernos cargo de nuestras vidas, es también recuperar nuestra creatividad, curiosidad, capacidad de investigar y experimentar para asumir formas de vida cotidiana que liberen,  que nos hagan realmente responsables de nuestro consumo sea produciendo, comprando a precio justo y/o truequeando. Podemos cultivar, recolectar, transformar, cocinar, tener nuestros almacenes, sin que pasen por las reglas del sistema y que más bien nos re-enseñen a vivir ahora y en los tiempos de crisis que se nos vienen, que  respeten a otros seres y que nos muestren que hay otras formas de vida posibles.