(Artículo escrito por Belén Molina)

Porque queremos construir desde una perspectiva feminista radical, que no se conforme con la paridad, que no tenga como objetivo las cuotas de poder, que no se engañe y se asimile a las estructuras de opresión contra las que se dice luchar. Nuestra propuesta es antiestatista porque la propia estructura del Estado es patriarcal y solo favorece a la clase privilegiada. No queremos que sigan comerciando con nuestros cuerpos, ni ser consideradas el público consumidor que le dará sus mayores réditos al señor capitalista, ni seguir siendo la mano de obra barata.

No queremos mujeres gobernantes, sino hacernos cargo de la vida que nos compete y junto a las involucradas directas. Pero hasta ese momento, seguiremos en lucha y resistencia en esta guerra que nosotras no iniciamos. Buscaremos organizarnos entre compañeras feministas anarquistas, pero sin caer en el gueto, puesto que no somos ni queremos ser “La vanguardia del pueblo”.

La violencia ejercida sobre nuestros cuerpos nos ha marcado al igual que a otras mujeres que, tal vez, no alzarán ninguna bandera con nosotras pero que también están peleando cada día.

Nuestra voz ha sido invisibilizada a lo largo de las historias. Nuestras acciones no han sido incluidas en los libros, porque a muchos no les gusta recordar que estuvimos ahí construyendo espacios y posibilidades, e hicimos tanto o más que ellos. No necesitamos del compañero de al lado para hacer, ni para decir. Nos necesitamos. Muchas mujeres hicieron periódicos, fundaron centros de formación política, se organizaron y participaron de revoluciones con todo en su contra. Y pareciera que entre ellas y nosotras se hubiera abierto un abismo, pareciera que hubiéramos aprendido a callar, pareciera que no tuviéramos memoria de ello, pareciera que no quisiéramos entablar lazos y formar redes. Pero solo parece, pues nuestras vidas nos recuerdan, día a día, que si continuamos en silencio seguiremos siendo protagonista de un titular sobre violación, feminicidio o desaparición.

Debemos de comenzar hoy mismo proyectándonos más allá de la opresión cotidiana y haciendo algo para romper el modelo aquí y ahora. Debemos actuar autónomamente, sin delegar a ningún líder el derecho para decidir lo que queremos y lo que haremos: debemos tomar decisiones por nosotras mismas en todos aquellos asuntos que nos competen personalmente, reunirnos con otras mujeres para abordar aquellos asuntos propiamente femeninos, y unirnos con los hombres en asuntos comunes.


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